Gardel, a quien los argentinos
rinden un culto que no se compara con nadie; cantor famosísimo de tangos, allá por la
década de 1920 y que murió en un accidente aéreo en Colombia en 1931.
Como por alguna cosa mágica,
inexplicable, los “porteños” suelen decir que
Carlos Gardel, el mismo que murió hace más de 80 años, cada día canta mejor. Su voz es escuchada una y otra
vez, y no hay cantores que puedan superar su carisma, su popularidad, su virtuosidad indiscutida.
Cientos de Tangos y Milongas famosos,
que son el alma de la más pura música
porteña, como “Mi Buenos Aires Querido”,
“Mano a Mano”, “El día Que me Quieras”, “La Cumparsita”, “Volver”, “Cambalache”
y otros cientos, fueron interpretados
mágicamente por Gardel, dueño de una voz y una personalidad, increíbles, que
marcaron una revolución en la historia y el espíritu de la ciudad.
Volviendo al Café Tortoni, parte inseparable del patrimonio cultural de
Buenos Aires, junto a otros puntos destacados de la ciudad: el Obelisco, Caminito, la Cancha de River Plate, los
Jardines de Palermo, el Teatro Colón, o
“La Bombonera” de Boca Juniors. Cada uno de ellos son el alma de la ciudad y su
gente; ellos merecerían una nota especial, una anécdota, alguna historia bien colorida de Buenos
Aires. Cada uno de estos verdaderos monumentos nos cuenta por separado las raíces,
el espíritu y los secretos de la gran ciudad.
Un centro cultural y comercial de nombre internacional, sede de
Museos famosos, Bibliotecas, Teatros, Avenidas y Personajes, no sorprende que la
UNESCO haya elegido a Buenos Aires como la Ciudad del Diseño en 2005.
Repleta de destaques
arquitectónicos, monumentos famosos y
rincones bohemios: la Plaza de Mayo, la Plaza San Martín, los edificios de la
Diagonal Norte y la Av. Roque Sáenz Peña, las casonas de San Telmo y de
Belgrano, los antiguos almacenes de Puerto Madero, propios de las
viejas ciudades europeas, que fácilmente
podríamos encontrar en la Gran
Vía de Madrid o en las antiguas calles de Roma.
Caminando por la tradicional Avenida Corrientes, entre los bares, las
librerías y las famosas Salas de Teatro,
nos emocionamos, escuchamos el tango en cada esquina, como si “Carlitos”
estaría en algún café esperándonos.
Un abrazo de Charola
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