La Recoleta, enfrente del Cementerio
del mismo nombre y de la Iglesia del
Pilar, se hizo mundialmente famosa y hasta hoy es el destino de turistas y
porteños.
Nunca entendí bien a quien se le ocurrió construir y atraer
inversiones millonarias, crear centros comerciales y Restaurantes lujosos,
justo enfrente a un Cementerio. Se
precisa mucho coraje y visión para eso; pero ahí está y será tema de una próxima Nota.
Quiero concentrarme justamente en la
Avenida Alvear, en el tramo que va desde la Recoleta hasta la Av. 9 de Julio,
en la Plazoleta Carlos Pellegrini, un recorrido de unas 10 cuadras, que
concentran la elegancia de toda la ciudad de Buenos Aires, repleto de casonas
antiguas, negocios, bares pequeños y
románticos, galerías de arte y de coleccionistas.
Ya en la zona de Av. Alvear y Av. Quintana, a pocos metros de
Recoleta, está el Alvear Palace Hotel, inaugurado en 1928, y construido en
estilo francés neoclásico; conocido y diferente a todos los Hoteles porteños,
elegante, soberbio, con Salas para Exposiciones y sus rincones de mármol
dorado, con joyerías, negocios de cuero y folclore argentino. Caminando por la
Av. Alvear atravesamos la Avenida Callao y continuamos en este recorrido por la
historia de la ciudad, casas coloniales conviven con edificios modernos que se
fueron levantando a través de las décadas;
algunas de las Embajadas más suntuosas
rodeadas por negocios lujosos de cadenas internacionales: Luis Vuiton, Ralph Lauren, Hermes, Armani y
Nina Ricci, todos se dan cita en la Avenida Alvear.
Recorrer la Avenida es un regalo
para los ojos y para el espíritu: el Palacio Duhau y el Parque Hyatt, con sus
galerías y jardines clásicos, Palacio Anchorena, magnífica mansión de estilo
francés; lo antiguo puede mezclarse con lo moderno en una perfecta conjunción
de paisajes y colores. Ahí cerca está el Patio Bulrich, uno de los más antiguos
Shopping de Buenos Aires, fundado en 1989, en el corazón de la zona más
elegante y cara de la ciudad; el Palais de Glace, una galería que alberga
exhibición de fotografías, cuadros y esculturas.
Por fin llegamos a las Embajadas de Brasil
y Francia, impresionantes y bellísimos edificios
al estilo de La Belle Epoque Francesa, antiguos y suntuosos caserones,
verdaderos monumentos de la Ciudad. Más adelante el Jockei Club.
Llegamos a la Avenida 9 de Julio, grandiosa,
importante, de 150 metros de ancho en algunas partes, y considerada por los
“porteños” como la más ancha del mundo.
A la derecha, al fondo del
paisaje, se ve El Obelisco.
Un abrazo de Charola
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